8. Al margen

Hemos recorrido el edificio no sé cuantas veces. Tampoco tengo noción de la cantidad de horas que hemos pasado en ese lugar. Recorrimos la torre, los pisos, las azoteas., los sótanos, los estacionamientos. Si no todo, hemos visto la mayor parte del lugar.

Hay siempre momentos en los que la mirada deja de sorprenderse. Nos hemos habituado al lugar. De alguna manera deja de pesar la carga histórica y se convierte en el lugar al que se vuelve una vez más a trabajar. Es un edificio en donde se trabaja. Eso no ha cambiado.

Aun así, por momentos pasa la solemnidad. Las dimensiones, la poética arquitectónica de Pedro Ramírez Vázquez. Todo recuerda una imposibilidad, la de concebir un edificio así otra vez en este país, en esta ciudad.

Vamos y venimos, nos paseamos alrededor de Juárez. Hacemos juegos burdos, imaginamos nuevas piezas o chistes en el lugar. Se ha convertido también en un lugar para estar. Pasamos ahí mucho tiempo. De ningún otro modo podríamos estar en un lugar así.

La pérdida de solemnidad lleva al trabajo. Es el paso necesario. Reconocer al espacio en sus dimensiones y dialogar con ellas es parte de los procesos que hemos realizado ahí o que nos han llevado ahí. El hallazgo de objetos que nos dejan conocer o seguir el rastro de cómo es que funciona, desde esa parte minúscula, el país.